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Clasificación y Efectos Psicológicos PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Unicolombia   
jueves, 23 de octubre de 2008
CLASIFICACION Y EFECTOS PSICOLOGICOS
 

La violación.

 

La violación es un tema en el que juegan abrumadoramente las emociones y en torno al cual abundan los prejuicios y los equívocos. Aunque se defina como un acto sexual, la violación es sobre todo una expresión de violencia, rabia y agresividad. La víctima puede ser un hombre o una mujer, jóvenes o viejos, ricos o pobres, retrasados mentales, disminuidos físicos o personas sanas y fuertes. Los que perpetran el acto forman también un grupo heterogéneo que desafía todo intento de clasificación esquemática y simple.

 

Aunque existen varias definiciones de la violación, en la mayoría de las jurisdicciones se interpreta como la agresión sexual con penetración vaginal sin consentimiento mutuo (Brownmiller, 1975; Warner, 1980).

 

Hablando en un sentido restringido, la penetración oral o anal sin consenso mutuo no es una violación, aunque el delito se subsume en otros preceptos legales que castigan la agresión sexual.

 

* Perspectiva histórica.

 

La palabra violación proviene del latín violare, y ésta, a su vez, de vis, que significa fuerza.

 

En la antigüedad, la violación era un medio de procurarse esposa; el hombre se limitaba a forzar sexualmente a una mujer apetecible y luego se la llevaba a su tribu. Allí tenía que proteger su propiedad y su honra impidiendo que otros hombres se apoderasen de ella o la violaran. Parece que esta situación inspiró las primeras leyes contra la violación, en las que ésta se consideraba como un delito contra la propiedad o el honor del hombre, pero no contra la mujer (Brownmiller, 1975).

 

En el código de Hammurabi, un cuerpo de leyes dictado en Babilonia hace unos cuatro mil años, el hombre que violaba a una muchacha prometida y virgen era condenado a muerte. No obstante, si violaba a una mujer casada, se consederaba culpables tanto al violador como a la víctima y se les sumergía en agua hasta que se ahogaban. Una distinción parecida, aunque con ciertas diferencias de matiz, la hallamos en preceptos bíblicos (Deuteronomio,22,22-28). Así, la mujer casada objeto de violación se consideraba que había prestado su aquiescencia, por lo que el violador y ella misma eran ejecutados. En cuanto a la mujer virgen, sólo se la consideraba culpable si la violación acontecía dentro de las murallas de la ciudad, pues se suponía que sus gritos de socorro habrían alertado a los viandantes, que la hubiesen liberado. Por el contrario, la muchacha virgen que era violada fuera del recinto amurallado, en el campo, no recibía castigo, ya que suponía que nadie podía oír sus gritos de auxilio. Si la joven estaba prometida, el violador moría lapidado, y si no lo estaba tenía que casarse con ella (no parece que se tuviera en cuenta la opinión de la muchacha).

 

A pesar del ordenamiento jurídico, la violación no siempre se considera como un delito. En tiempos de guerra, desde la Antigüedad hasta nuestros días, los soldados victoriosos han violado en muchos casos a las mujeres del enemigo. A veces, en la literatura, la violación adquiere resonancias épicas, como en El Manantial, de la escritora Ayn Rand. En el seno de una colectividad, la violación se ha evaluado a menudo, y en la práctica, en función de la posición social de la víctima y del agresor. Por ejemplo, en los años 1940 y 1950, en el Sur de los Estados Unidos pocas veces se inculpaba a un hombre blanco de la violación de una mujer negra, pero el hombre negro que violentaba a una mujer blanca era juzgado por la vía rápida y sin contemplaciones. Incluso en la actualidad, en muchas jurisdicciones es improbable que se acuse a un hombre de haber violado a una prostituta, y en 38 de los 50 estados de la Unión, el coito coactivo entre marido y mujer no "cuenta" como violación.

 

* Clases de violación.

 

La violación con fuerza o intimidación , es el tipo de violación más denunciado. Cabe distinguir varios subgrupos, a pesar de que la mayoría no han sido objeto de una tipificación legal. La violación en solitario es la perpetrada por un solo individuo. La violación en grupo o en pareja –a menudo un tipo de violación realmente pavoroso- presupone la intervención de dos o más hombres, a veces con el concurso de una amiga, que violan por turno a la víctima. Una variante muy rara de esta violación se da cuando un grupo de mujeres violan a un hombre. Otra modalidad, ésta más frecuente, es la de un grupo de hombres que sodomizan a otro varón. Es un delito poco corriente entre homosexuales; por lo general implica a individuos heterosexuales recluidos en un centro penitenciario (Groth, 1979; Braen, 1980).

 

Otras dos clases de violación con fuerza o intimidación: la violación por el amigo con quien una mujer se cita y la violación por el esposo o compañero. Después de haber entrevistado a 300 mujeres entre 18 y 30 años, pudimos establecer que aproximadamente una de cada 5 mujeres se había visto inducida, contra su voluntad, a realizar actos sexuales con un amigo, o durante una reunión social. Una mujer de cada 25 ha sido violada en estas circunstancias, si bien muy pocas veces han denunciado el caso a la Policía.

 

* Consideraciones médicas.

 

La víctima de una violación, hombre o mujer, joven o viejo, emocionalmente estable o muy conmocionado y perplejo, requiere una meticulosa atención médica. Los datos físicos son bastante corriente -y no siempre visibles ni obvios-; algunos revisten tal gravedad que la vida de la persona violada corre serie peligro y hay que actuar con urgencia.

 

Además de la localización y tratamiento de las lesiones físicas, hay que facilitar a la víctima las necesarias indicaciones para la práctica de análisis, por si hubiese contraído alguna enfermedad venérea. En el caso de una mujer que hubiera podido quedar embarazada, es necesario que sea sometida a una prueba de embarazo e informada de las opciones de que dispone sobre la prevención de la gestación. Entre ellas figuran el uso del dietilestilbestro (DES), la inserción de un DIU (que impide la implantación), la extracción menstrual y el aborto.

 

Por último, si la víctima de su conformidad, el examen médico se puede aportar como prueba en el caso de que se instruya un sumario. Por tal motivo conviene que la mujer, si desea dar parte del hecho a las autoridades legales, no se lave ni se duche (ni se componga de cualquier otra forma) antes de ser examinada.

 

* Consideraciones Legales.

 

Para numerosas víctimas de violación, uno de los principales dilemas estriba en denunciar, o no, el hecho a la policía. Si bien parece lógico dar parte de un suceso de esta naturaleza, son muchas las mujeres que han dudado o que han optado por no hacerlo, y ello debido a alguna, o a todas, de las razones siguientes: 1) miedo de la venganza del violador, que puede ser puesto en libertad bajo fianza; 2) una actitud fatalista, como el decirse: "lo más seguro es que la policía no le detenga, e incluso, si lo hace, probablemente saldrá bien librado"; 3) temor a la publicidad y a situaciones violentas; 4) miedo a verse maltratada de palabra por la policía o por los abogados y fiscales; 5) presiones de un familiar para que no dé cuenta del hecho; y 6) en ocasiones, no querer arruinar la vida de un amigo o de un pariente dejando que vaya a prisión.

 

Aunque sólo la autoridad municipal, local o estatal es competente para incoar y tramitar un juicio penal, la víctima ultrajada puede optar por entablar una acción civil que le permite demandar al agresor por daños o lesiones corporales, sufrimiento o daños punitivos. A diferencia del procedimiento penal, en un pleito civil la mujer puede contratar a un abogado o acusador particular. Además, como en un proceso civil la culpabilidad del acusado se determina por la llamada "preponderancia de pruebas" y no por el criterio más estricto del proceso penal, exige probar los hechos "fuera de toda duda razonable", hay más probabilidades de ganar el caso (Grossman y Sutherland, 1982/1983), Sin embargo, mediante un pleito civil no se puede solicitar el encarcelamiento del violador declarado culpable, sino tan sólo obtener una indemnización pecuniaria.

 

* Efectos psicológicos de la violación.

 

El impactos psicológico de la violación puede ser profundo desde los primeros momentos del ataque y prolongarse a veces durante años. La reacción de la víctima suele ser una sensación de soledad, impotencia y total aturdimiento. Por regla general, la respuesta de la víctima ante esta situación de tremendo estrés encaja en unas pautas identificables.

 

La fase de reacción aguda puede durar desde unos días a varias semanas. Por lo común la víctima se muestra conmocionada, aturdida, sin dar crédito a lo ocurrido, temerosa y sumida en una gran confusión emocional. En las mujeres que son capaces de hablar de sus sentimientos se observan con frecuencia sentido de culpa, indignidad, vergüenza y rabia. Otras mujeres se muestran en apariencia más sosegadas, lo que puede significar que tal vez se esfuerzan por dominarse, o que se niegan a creer en la realidad o en el impacto causado por los sucesos.

 

A esta fase sigue por lo general una de "retroacción" postraumática, que puede durar semanas o meses. La víctima supera con relativa calma lo sucedido y parece afrontar la situación. Externamente da la impresión de haber dejado atrás la experiencia: trata de haber dejado atrás la experiencia: trata de vincularse de nuevo con sus familiares y amigos; vuelve a sus actividades cotidianas e intenta mostrarse alegre y distendida. Sin embargo, en lo más hondo de su ser no ha vencido de verdad sus miedos, las dudas acerca de sí misma ni los sentimientos que desencadenó la agresión sexual de que fue objeto.

La fase final, la que cabría llamar un proceso de reexpansión y recuperación a largo término, varía mucho según la edad y la personalidad de la víctima, así como de los servicios asistenciales disponibles y del trato que reciba de los demás. Son corrientes las evocaciones fugaces y las pesadillas en torno a lo acontecido; aparecen con inquietante frecuencia el miedo a quedarse sola, las sospechas infundadas sobre determinados individuos y las reticencias en torno a la actividad sexual. Con frecuencia es preciso un asesoramiento o una psicoterapia adecuados a las circunstancias, para poder afrontar los temores y la depresión que sobrevienen.

 

El Incesto.

 

* Perspectiva histórica.

 

El término deriva de la voz latina incestus, que significa impuro, mancillado, y hace referencia a la relación sexual entre miembros de una misma familia; en este contexto, el concepto de familia incluye al padre, al hermano o hermana, a los tíos y tías y también a los abuelos. Aunque el incesto entre hermano y hermana es probablemente el más común, los casos que más se denuncian a las autoridades conciernen a la relación sexual entre un adulta y un niño o niña.

 

El porcentaje de incestos sólo puede conjeturarse, ya que los casos denunciados corresponden sólo a una pequeña fracción de la cifra global. Los cálculos indican que todos los años unos 50.000 menores son objeto de abusos sexuales por parte de sus padres o tutores, siendo presuntamente más elevado todavía el número de violaciones u hostigamiento sexual perpetrados por otros miembros de la familia. En un estudio sobre violación de menores, el 32 por 100 de los delitos fueron cometidos por un pariente.

 

El incesto reviste pluralidad de manifestaciones y sería absurdo considerarlas a todas como de signo equivalente. Así, por ejemplo, hay casos de incesto que son hechos únicos y aislados y que generan tanta ansiedad y culpa en los partícipes, que jamás vuelven a repetirse. Otras veces el incesto implica una relación prolongada en la que ambas partes parecen estar interesadas (es decir, no se utiliza la fuerza física); por el contrario, puede ocurrir que una parte sea objeto directo de coerciones e intimidaciones; en fin, también se da el incesto múltiple, es decir, cuando un padre acosa a varias hijas.

 

Otras variables a tener en cuenta a la hora de configurar una situación de incesto son la edad del niño o niña al iniciarse los contactos sexuales, la publicidad o el secreto con que se llegan a cabo tales actos, las clases de actividad sexual realizada y los efectos de la relación incestuosa en la dinámica familiar. A menudo la conducta incestuosa empieza siendo una especie de juego a base de zalamerías, con prolongados besos, forcejeos y tocamiento genital más o menos solapado. Con el tiempo, estos actos adquieren un carácter declaradamente sexual, sin que medie ningún tipo de fuerza física.

 

* Efectos psicológicos del incesto.

 

La mayoría de los investigadores y médicos están de acuerdo en que el incesto es una situación psicológica que acarrea graves traumas. Es un suceso que puede llevar al individuo al abuso de las drogas, la prostitución, los intentos de suicidio y a un sinfín de problemas derivados.

Se observa una sorprendente similitud en las reacciones que testimonian los participantes en un incesto. Los niños asumen la responsabilidad y la culpa que corresponde al progenitor que ha iniciado la relación incestuosa. El abandono de las responsabilidades parentales y la omisión en que incurren los adultos responsables hace que el niño o niña se tengan por un ser despreciable, indigno de ayuda y de solicitud. La sexualidad, teñida de culpa y miedo, adquiere una relevancia exagerada y se convierte en el único aspecto general reconocido o aceptado de la atracción o la prepotencia.

 

Tal vez el hecho más llamativo, aunque no sorprendente, que se observa en la víctimas del incesto sea la prolongada persistencia de una diversidad de problemas sexuales. Por lo común, las dificultades sexuales hacen que una mujer adulta recurra a la psicoterapia y allí sea capaz de revelar, al fin, a diez o veinte años de distancia desde el suceso, que en su niñez tuvo una relación incestuosa. En muchos casos, la mujer no ha podido establecer vínculos de intimidad y confianza con los hombres, porque cree que sólo obtendrá rechazo, postergación o castigo.

 

Otro dato, importante, es que incluso si el incesto no ha dejado impronta perceptible en el niño, sigue siendo moralmente reprobable, por cuanto el impúber no es todavía capaz de dar un consentimiento genuino, basado en el conocimiento cabal de estas situaciones. Por más que lo dicho no rige en los casos de incesto entre adultos, estimamos que éstos tienen la obligación ética y moral de rechazar los contactos sexuales con menores, y que el quebrantamiento de este precepto ético debe considerarse como un acto que comporta graves consecuencias.

 

El hostigamiento sexual en el centro de trabajo.

 

Muchas mujeres que trabajan fuera de casa han sido víctimas de otra variedad de coerción sexual. Si bien para muchas personas el acoso sexual en el trabajo es menos conmocionante que la violación o el incesto, desde el punto de vista social se trata de un problema de considerable envergadura. Si durante mucho tiempo el tema ha parecido jocoso o trivial, en la actualidad tanto las leyes como la realidad práctica estiman que es una cuestión que afecta directamente a la discriminación por razones de sexo. Aunque se han realizado pocos estudios sobre el particular, los casos de hostigamiento sexual por parte del hombre en el trabajo han pasado a ser también foco de la atención pública.

 

Este acoso se manifiesta de diferentes maneras. Una de ellas surge cuando la persona trata de encontrar empleo. El jefe o patrono potencial dejan bien sentado que la solicitante tendrá que plegarse a sus exigencias sexuales, y solicitan un "anticipo" como prueba de "buena fe". Las bromas del productor de cine que se acuesta con una muchacha que quiere abrirse camino en el mundo del espectáculo no son ficticias, sino que se basan en la realidad. Pero aún tratándose de menesteres mucho menos deslumbrantes, el individuo que contrata a una joven tiene suficiente poder económico para dar fuerza a sus requerimientos. En el supuesto de una mujer que no ha podido encontrar trabajo y que necesita dinero para sacar adelante a la familia, ceder al chantaje del patrono o persona afín le parece el recurso más sencillo y hasta más lógico.

 

Más corriente es el acoso sexual que llevan a cabo el patrón o un encargado, los cuales hacen de la sumisión de la mujer a sus deseos un requisito esencial para que ésta conserve el empleo, obtenga un ascenso o consiga otras ventajas de tipo laboral.

 

El acoso sexual se da prácticamente en todos los ámbitos. Según una reciente encuesta llevada a cabo entre enfermeras, el año anterior al de la encuesta el 60 por 100 fue objeto de hostigamiento sexual. Por lo demás, encuestas realizadas entre abogadas, estudiantes universitarias de medicina y personal femenino del Ejército han revelado la existencia de unos índices alarmantes de acoso sexual. Según los datos de una encuesta realizada entre 20.000 funcionarios federales, el 42 por 100 de las mujeres y el 15 por 100 de los hombres contestaron diciendo que en los últimos veinticuatro meses habían sido víctimas de acoso sexual en la dependencias de trabajo (Tangri, Burt y Jonson, 1982). En muchos lugares de trabajo se presta poca atención al problema, y las personas afectadas no disponen de los cauces adecuados para cursar sus quejas o solicitar se abra una investigación en toda regla, a pesar de las iniciativas de algunos organismos oficiales y directores de empresa, que han dado instrucciones para hacer frente a este tipo de situaciones abusivas. La Armada de los Estados Unidos, por ejemplo, ha ordenado a sus oficiales superiores que despachen los casos de hostigamiento sexual con medidas disciplinarias "rápidas y adecuadas a los hechos". Debido a que existen pocas garantías –suponiendo que las haya- contra las represalias de la parte prepotente, la víctima del acoso sexual tiene mucho que perder si llega a denunciar los sucesos.

 

El acoso sexual en la universidad.

 

Los casos de acosamiento sexual son corrientes en muchas situaciones en las que existe una jerarquía de poder. Ni siquiera el alma mater, la universidad, está a salvo de los comportamientos abusivos.

 

No se sabe a ciencia cierta el alcance del acoso sexual en los recintos universitarios, pero Bernice Sandler, de la Asociación de Universidad Norteamericanas, calcula que 1 de cada 5 chicas alojadas en residencias mixtas son objeto de ese hostigamiento (Time, 14 de noviembre de 1983, p.109). En 1983, una encuesta en la Universidad de Harvard puso de relieve que un tercio de las estudiantes de licenciatura y el 41 por ciento de las graduadas se habían enfrentado a una forma u otra de acoso sexual, si bien las agresiones directas constituían un reducido porcentaje de estos incidentes. Sean cuales sean los datos estadísticos, es obvio que el hostigamiento sexual de los estudiantes universitarios representa un problema de considerable magnitud que hasta la fecha no ha dado mucho que hablar ni ha inducido a tomar medidas.

 

En estudios realizados en Colombia se ha encontrado que los jóvenes universitarios con el fin de conseguir la nota esperada y no perder su cupo en la universidad, acceden a las prácticas de acoso sexual de parte los profesores y directivos; de igual forma existen alumnos que acosan a sus profesores, ya con un fin más personal que académico.