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Reacciones Sociales y Emocionales PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Unicolombia   
jueves, 23 de octubre de 2008

Reacciones sociales y emocionales.

 

La epidemia de SIDA ha producido reacciones de variada índole. En el seno de la comunidad homosexual, el grupo de alto riesgo más afectado, dominan el miedo intenso y el desaliento. Según parece, el temor a contraer el SIDA ha originado cambios notables en los hábitos sexuales de este grupo. A consecuencia de ello, muchas casas de baños han tenido que cerrar por falta de clientes y gran número de gays han limitado sus contactos sexuales a un puñado de amigos a los que conocen muy bien

 

La comunidad gay se ha mostrado un tanto resentida por entender que inicialmente no se destinaron fondos suficientes para investigar el SIDA. Donald Curie, jefe de un servicio de asistencia para los afectados por el sarcoma de Kaposi, ubicado en San Francisco, man

ifestó, según transcribe la revista Time (28 de Marzo de 1983, p.55): "Si el mismo número de Boy Scouts se estuviese muriendo de esto, habría afluido un montón de dinero para dedicarlo a investigar las causas". Con todo, mediado el año 1983, la creciente participación del gobierno federal, las fundaciones privadas y la clase médica en general se concertó en un serio esfuerzo para combatir esta enfermedad y en el plazo de un solo año se consignaron más fondos para investigar el SIDA que los destinados en el espacio de ocho años para estudiar la "enfermedad del legionario" y el síndrome del shock tóxico juntos (Science, 1983).

 

Cómo prevenir el SIDA:

 

Como el SIDA es una enfermedad mortal e incurable, su prevención es de vital importancia; por lo tanto si usted no quiere adquirir el SIDA siga estas recomendaciones:

 

A. Para evitar la transmisión por vía sexual hay que:

 

  • Limitar el número de compañeros sexuales. Lo aconsejable es tener un solo compañero (o compañera) fiel.

  • Evitar las relaciones sexuales con personas que tienen muchos compañeros sexuales.

  • Usar condones (preservativos o profilácticos) en el acto sexual ocasional. El condón reduce considerablemente la posibilidad de contraer el virus.

  • Después de cualquier relación sexual ocasional hacer lavado genital con agua y jabón.

 

B. Para evitar la transmisión por contacto con sangre hay que:

 

  • Exigir que la sangre de una transfusión haya sido examinada con la prueba de SIDA.

  • Exigir que cualquier inyección se aplique con jeringa y aguja desechables. En todos los casos hay que garantizar que no se vuelvan a utilizar. En casos extremos, cuando no es posible reemplazar estos elementos, se debe buscar la forma de lograr una óptima esterilización.

  • Evitar el uso de prácticas en las que intervengan elementos cortantes y punzantes como cuchillos y agujas (tatuajes).

  • No compartir agujas ni jeringas. Tampoco rasuradoras u otros elementos cortopunzantes que puedan tener contacto con la sangre.

  • Si se sospecha contagio a través de una herida, lavar con agua y jabón.

  • Usar siempre guantes en casos de realizar cualquier curación o manipular objetos con sangre, vómito o semen.

 

C. Para evitar el riesgo de transmisión por transplantes hay que:

 

  • Exigir que el órgano transplantado se haya examinado para confirmar que no esté infectado con el virus del SIDA.

 

D. Para evitar el riesgo de transmisión de la madre al feto hay que:

 

  • Evitar que la madre infectada o con alto riesgo de infección quede embarazada.

( Prevención y Promoción de la Salud en el Bienestar Familiar (1995) Silit Editores 4ª. Edición.)

 

Recomendaciones para el apoyo psicológico del paciente con SIDA:

 

Dado el pronóstico asociado con la infección por VIH, toda persona seropositiva se ve enfrentada, a corto o mediano plazo, a padecer una enfermedad devastadora y moral. Psicológicamente, este diagnóstico es, en si mismo, catastrófico y conduce a una intensa crisis emocional.

La experiencia ha demostrado que con un apoyo afectivo adecuado brindado por el personal de salud en general, la familia y la red social, el paciente no sólo logra superar la crisis y adaptarse constructivamente a su situación, sino que también puede disminuir su estado de inmunosupresión logrando un mayor bienestar físico por más tiempo. El estado emocional del paciente no depende solamente de los profesionales de la salud mental sino también de todo el personal que interviene en su cuidado.

 

Para un manejo más adecuado del paciente con SIDA, usted debe tener en cuenta los siguientes aspectos básicos:

 

  • LA PERSONA CONTAGIADA ES UN SER HUMANO. Presenta un alto nivel de sufrimiento, angustia, ira y desesperación. Tiene que soportar la incomprensión, el rechazo, el aislamiento, la soledad y ataques a su dignidad personal. Usted no debe agravar la condición del paciente.

  • TENGA UNA ACTITUD RESPETUOSA, NO CRITICA NI ENJUICIADORA. Haga conciente y revise su posición personal y prejuicios ante los grupos de riesgo a los que pertenezca el paciente, a fin de poder sentirse cómodo y empático con él, mostrando un interés sincero y evitando un posible maltrato insconsciente.

  • PROPORCIONE UN TRATO CALIDO, COMPRENSIVO Y RECEPTIVO. El paciente teme ser rechazado y herido en su dignidad personal.

Para muchos pacientes, usted puede ser la única persona que conoce su situación y con quien puede compartirla.

  • NO PRIVE AL PACIENTE DEL CONTACTO FISICO, MANTENGA UNA CERCANIA OPTIMA. Revise sus propios temores de contagio, busque una información veraz y realista sobre las situaciones de riesgo para evitar poner barreras y distancias innecesarias y perjudiciales para el paciente, ya que éstas incrementan su sentimiento de aislamiento, rechazo o repulsión. Un contacto ocasional, un saludo o una palmada en el hombro no contagian, pero si fortalecen la autoestima del paciente.

  • PROPORCIÓNELE GARANTIAS DE ANONIMATO Y CONFIDENCIALIDAD. El paciente ha tenido que vivir ocultando su enfermedad para sobrevivir socialmente. Una de las mayores ansiedades que despierta la enfermedad es la pérdida de su privacía e intimidad. Si usted falta a la confidencialidad lo expone a la vergüenza, al rechazo y al ostracismo.

  • ESCUCHE Y RECIBA LAS EMOCIONES DEL PACIENTE. Una de sus necesidades prioritarias es poder comunicarse afectivamente. El compartir los sentimientos intensos diluye sus efectos negativos. Si las emociones son muy intensas, busque un profesional de la salud mental.

  • DESE TIEMPO PARA RESPONDER A SUS PREGUNTAS Y DUDAS. La ansiedad, el temor y la confusión dificultan que el paciente asimile la información. Tenga paciencia y permita que formule las mismas preguntas una y otra vez. Sus preguntas también son un modo de defenderse contra la incertidumbre. Explíquele el por qué, para qué, y cómo de cada procedimiento clínico. Respóndale con franqueza.

  • ACEPTE LA IRA DEL PACIENTE. El enfermo de SIDA siente mucha ira que proyecta a cualquier persona relacionada con él, en especial, hacia el personal de salud que lo frustra en su búsqueda de respuestas y esperanzas. Compréndala y no la tome como algo personal.

  • PERMITA LA NEGACIÓN Y LA ESPERANZA. Habrá momentos en los que el paciente no acepte su condición ni su enfermedad; si esto no interfiere seriamente con su salud o la de terceros no lo obligue a mirar su cruda realidad. El necesita negar transitoriamente para protegerse mentalmente y disminuir su sufrimiento. Déle tiempo, cuando esté más fortalecido volverá a enfrentar su situación.

  • SI EL PACIENTE HABLA DE SU MUERTE, ESCUCHELO. Toda persona seropositiva, bien sea infectada por el VIH o enfermo, se ve enfrentada a la inminencia de su muerte. Aunque para todos es un tema angustiante, permítale que hable de ello, escúchelo. No lo evada ni le dé falsos consuelos o esperanzas; el paciente se sentirá incomprendido y aislado emocionalmente.

  • ALIENTELO A BUSCAR AYUDA PSICOLÓGICA ESPECIALIZADA. El paciente con SIDA no sólo sufre de una enfermedad mortal sino que vive una serie de situaciones y sentimientos agobiantes y desestabilizadores. No todos los profesionales de la salud mental trabajan con personas enfrentadas a una enfermedad terminal, pero tanto en el sector oficial como en el privado hay profesionales dispuestos a prestar ayuda al paciente, su familia o compañeros.

Apoyo Psicológico para el personal de salud encargado del cuidado del paciente con SIDA:

Aún cuando el personal de Salud, en su experiencia profesional ha enfrentado el cuidado de pacientes con diferentes enfermedades graves y/o terminales, el trabajo con pacientes que sufren SIDA representa una carga emocional especial por el tipo de vivencias que conlleva.

 

Cuando usted cuida un paciente con SIDA:

 

  • Se enfrenta a una enfermedad nueva, poco conocida, atemorizante y estigmatizada que le plantea un reto profesional y especialmente personal.

  • Está en contacto físico y emocional con personas homosexuales, drogadictas, promiscuas, etc. Que le pueden producir rechazo por su estilo de vida, pero tiene que hacer un esfuerzo para atenderlas.

  • Estos pacientes pueden despertarle hostilidad e ira por sentir que de alguna manera se han buscado su enfermedad y son responsables de ella o que han contribuido al contagio y su diseminación.

  • La enfermedad le despierta temor de ser contagiado accidentalmente y le produce preocupaciones sobre su propia salud.

  • Está cuidando pacientes que sufren un gran dolor físico y emocional, ante el cual usted se siente impotente e inadecuado para aliviar sus padecimientos.

  • Muchos pacientes se encuentran en una situación de aislamiento y abandono por la familia y amigos, en una gran soledad, que le pueden despertar a usted sentimientos de compasión, dolor y tristeza; y como pueden demandarle más atención, cuidado y ayuda, usted, a su vez, puede sentirse incapaz.

  • Algunos pacientes descargan con usted la ira que la situación les produce y pueden agredirlo directamente, en una forma pasiva llamando su atención ante situaciones sin mayor importancia, exigencias, poca colaboración, etc. Lo cual es difícil de manejar y puede ser sentido como un ataque o rechazo personal.

  • La mayoría de los pacientes son jóvenes, llenos de vitalidad, proyectos e ilusiones que quedan truncados abruptamente. La muerte de una persona joven es más impactante y difícil de aceptar.

El hecho de enfrentarse a una permanente frustración y sentimientos de fracaso por la pérdida de sus pacientes o por el trabajo con personas de diagnóstico sin esperanzas, nos coloca en la realidad de que somos mortales y nos despierta temores ante nuestra propia muerte.

Estos sentimientos de hostilidad, miedo, desesperanza, impotencia, tristeza y dolor nos conducen a trabajar bajo tensión emocional, ansiedad, angustia, dolor y depresión que pueden manifestarse tanto en el trato con los pacientes como en las actividades fuera del trabajo.

 

Recomendaciones para disminuir la tensión emocional del personal de salud que atiende a pacientes con SIDA:

 

  • Obtenga información realista sobre la enfermedad, formas de contagio y medidas de prevención. La ansiedad y el temor al contagio no disminuyen a la primera instancia; se requiere reforzar periódicamente tales conocimientos y tenerse la oportunidad de discutir las dudas.

  • Tenga un grupo de apoyo en el cual usted pueda ventilar y compartir las experiencias y sentimientos recientes. Se recomienda reunirse una vez a la semana con el equipo de salud para comentar los casos. No tema lo que pensarán los demás, todos nos afectamos de una u otra forma, con los pacientes de SIDA.

  • Si no puede contar con reuniones de equipo de trabajo, busque una persona amplia y receptiva o consulte con los profesionales de salud mental para discutir y descargar sus emociones.

  • Permita la expresión de sus sentimientos. Trate de comprender y manejar su hostilidad o ira. Acepte el dolor que le produce un paciente y la tristeza que le despierta su muerte. Permítase llorar. No se culpe ni se sienta débil por sus reacciones; son normales.

Busque estímulos y actividades gratificantes en su vida fuera del trabajo.